Edulcorantes, obesidad y diabetes (I): el cerco se estrecha

Los edulcorantes se han postulado desde hace tiempo como una alternativa saludable al consumo de azúcares. Sin embargo y a día de hoy, un cuerpo de evidencia creciente apunta a que lejos de ser ese sustituto ideal e inocuo el consumo de edulcorantes puede ser más perjudicial que beneficioso.

Nuestra biología siente una inclinación instintiva, atávica incluso hacia lo dulce. Hay diversos mecanismos que lo explican, el más básico de ellos deriva de reconocer en los azúcares una fuente importante e inmediata de energía en los alimentos, elementos ambos (energía y alimentos) escasos en otros tiempos en los que la supervivencia era una importante y diaria preocupación. Con este trasfondo nuestra naturaleza alienta y premia el consumo de este tipo de fuentes alimentarias especialmente ricas en azúcares reportando una especial sensación placentera con su uso a través del sabor dulce.

Edulcorantes, obesidad y diabetes: el cerco se estrechaNo obstante, el escenario ha cambiado de forma sustancial: por un lado, en nuestro entorno y desde hace bastante tiempo ya no nos enfrentamos de forma cotidiana a la escasez de alimentos y menos de azúcares y, por el otro lado nuestra biología apenas ha sufrido cambios. Por tanto seguimos experimentando una pulsión extrema a seguir consumiendo productos alimenticios con esas características. Tales son nuestras circunstancias que lo que un día pudo ser una ventaja evolutiva (y realmente seguro que lo fue) para hacer frente a la supervivencia del individuo e incluso de la especie, se ha tornado hoy como un grave lastre que amenaza la salud de la mayor parte de ciudadanos, llegando este hecho a convertirse en un serio problema de Salud Pública. Hoy sabemos sin ningún género de dudas que el consumo excesivo de azúcares (ese ingrediente genérico hacia el que sentimos una especial debilidad por naturaleza) es un importante factor de riesgo para padecer distintos trastornos metabólicos, entre los que destacan sobre todos los demás la obesidad y la diabetes tipo 2. Y que ese consumo excesivo es al mismo tiempo muy fácil de alcanzar debido a la sempiterna presencia de alimentos hiperazucarados en nuestro entorno bajo diversos formatos. Son miríada, son ricos, y son baratos… el escenario no puede ser más hostil en lo que a nuestras expectativas de salud se refiere cuando se observa la cuestión azucarada.

Los edulcorantes como pretendida solución

Con estos planteamientos la sustitución de los azúcares por sustancias de otra naturaleza (distinta a la hidrocarbonada) pero que siguieran aportando el apetecible sabor dulce podría en principio postularse como una solución válida. Me refiero a los edulcorantes, y a sus ventajas que sobre el papel se resumen en tres: 1) Su diversa naturaleza química distinta de los azúcares evitaría en principio los efectos metabólicos propios de los azúcares a la hora de elevar la glucemia y con esta la producción de insulina y sus efectos derivados en distintos tejidos, entre ellos el adiposo; 2) No aportan calorías y por tanto el balance energético sería más favorable, a la baja, algo que de nuevo sería algo más adecuado en nuestras circunstancias de sobreabundancia energética y; 3) Todo ello sin desmerecer (en cierto grado) las cualidades organolépticas del producto objeto del cambio. En resumen, todo parabienes como digo… sobre el papel.

  • Ingerir alimentos dulces pero sin calorías (con edulcorantes acalóricos) de forma habitual podría “sabotear” o provocar un cortocircuito en los mecanismos fisiológicos que regulan la ingesta y el balance de energía. Esta posibilidad se ha puesto de relieve en diversos estudios:
    • Edulcorantes, obesidad y diabetes: el cerco se estrechaSweet taste receptor expressed in pancreatic beta-cells activates the calcium and cyclic AMP signaling systems and stimulates insulin secretion(La expresión de receptores del sabor dulce en las células beta pancreáticas estimula la secreción de insulina a través del calcio y el AMP-c). Es preciso hacer constar que es un estudio en ratones con las limitaciones que tienen este tipo de estudios y que para “estimular” los receptores del sabor dulce en las células del páncreas se emplearon los edulcorantes sucralosa (E-955), sacarina (E-954) y acesulfamo-K (E-950)
    • Sweet taste receptor signaling in beta cells mediates fructose-induced potentiation of glucose-stimulated insulin secretion(La estimulación de los receptores del sabor dulce de las células beta [del páncreas] por acción de la fructosa potencia la secreción de insulina debida a la glucosa). Un ejemplo en el que se ratifica la cada vez más clara existencia de varias vías de señalización independientes que de forma sinérgica y además de la glucosa, pueden modular la secreción de insulina. En este caso se estaría hablando no de un edulcorante en sí, si no de la fructosa, un azúcar que si aporta calorías ampliamente distribuido en “alimentos para diabéticos” del que se había dicho que no afectaba la secreción de insulina.
    • A novel regulatory function of sweet taste-sensing receptor in adipogenic differentiation of 3T3-L1 cells(Novedosa función reguladora del receptor del sabor dulce a la hora de la diferenciación celular de células 3T3-L1). Este artículo, también realizado en ratones, es especialmente interesante por sus implicaciones ya que pasando por encima del páncreas y la posibilidad de que este sea estimulado por sustancias de carácter dulce, además, identifica esta posibilidad en adipocitos de forma que pueda modificarse su “futuro”. En las conclusiones se afirma que estos adipocitos (las células 3T3-L1) disponen de un receptor funcional para el sabor dulce que podría mediar en una respuesta de tipo anti-adipogénesis.
    • Altered processing of sweet taste in the brain of diet soda drinkers (Alteraciones cerebrales en el procesamiento del sabor dulce en los consumidores de refrescos bajos en calorías) un trabajo realizado con personas se sugería que al incorporar de forma constante y abundante alimentos dulces que no tuvieran calorías podría desajustar el fino sistema de regulación de la ingesta energética llegando a hacerse ineficaz.
  • Cada vez parece más probada también la relación en el consumo de este tipo de edulcorantes y las alteraciones de la flora intestinal. Alteraciones que no tienen precisamente un resultado positivo.
    • Splenda alters gut microflora and increases intestinal p-glycoprotein and cytochrome p-450 in male rats (El uso de splenda altera la flora intestinal e incrementa la glicoproteína-p intestinal y el citocromo p-450 en ratas). Splenda es un nombre comercial que recibe la sucralosa o edulcorante E955, a fin de cuentas, este estudio en ratas, puso de relieve que el uso continuado de este edulcorante provocaba una serie de alteraciones que conducían a una reducción de la población de flora intestinal beneficiosa.
    • Sin dejar de lado los ratones pero también con resultados en personas este trabajo Artificial sweeteners induce glucose intolerance by altering the gut microbiota (Los edulcorantes artificiales inducen intolerancia a la glucosa mediante la alteración de la flora intestinal) vuelve a poner de manifiesto de forma más contundente si cabe que los edulcorantes artificiales inducen cambios en las reacciones vinculadas a las enfermedades metabólicas. Resultados que se replicaron en este otro estudio o en este otro de revisión.
  • Edulcorantes, obesidad y diabetes: el cerco se estrechaEl uso de alimentos con un perfil “saludable” a partir de su escasez de calorías ofrece un “efecto halo” sobre el consumidor y con este un sentimiento de indulgencia que le puede hacer pensar que ya que se está haciendo “bien”, se puede exceder en cierta medida por otro lado. Algo así como: “Si estoy tomando tostadas con mantequilla y mermelada con edulcorante, me puedo preparar tres tostadas más”:
    • Categorization effects in value judgments: averaging bias in evaluating combinations of vices and virtues (El efecto de categorizar al hacer juicios de valor: Un promedio de los sesgos al evaluar vicios y virtudes). Más allá de las cuestiones fisiológicas este amplio trabajo pone de relieve la forma en la que tomamos decisiones y cómo el estar frente a un alimento con la imagen de “saludable” nos hace ser más permisivos con otros menos saludables con resultados contrarios a nuestros intereses, a pesar de estar convencidos de estar haciéndolo bien.
  • El sabor dulce, incluso el aportado por edulcorantes acalóricos pueden producir una necesidad excesiva de seguir buscando este tipo de sabores intensos que tanta recompensa nos produce en términos de placer, terminando por ansiar comer cada vez más y más.
    • Intense sweetness surpasses cocaine reward (Los edulcorantes sobrepasan a la cocaína [en dependencia]) pone de relieve que la sensación de recompensa obtenida en el consumo de edulcorantes puede ser mayor que la obtenida incluso con la cocaína, y de ahí la obsesión por comer más y más en la búsqueda de esas sensaciones.

CAPÍTULO 2: Edulcorantes II: relación del consumo de edulcorantes con la diabetes tipo 2

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Juan Revenga
Me formé como Dietista-Nutricionista y Biólogo en la Universidad de Navarra. Ejerzo la profesión de Dietista-Nutricionista como consultor, una actividad con la que me encuentro plenamente identificado y que practico en virtud de la evidencia científica más actual. Compagino mi trabajo en la Universidad San Jorge como profesor en la Facultad de CC. de la Salud, con labores de divulgación en materia de nutrición, alimentación y salud en distintos medios de comunicación. Soy miembro de la Fundación Española de Dietistas-Nutricionistas (FEDN), formo parte tanto de su Comité Científico como de su Comité Técnico Asesor y he sido presidente y fundador del Colegio Profesional de D-N de Aragón (CPDNA). Soy un activo usuario de las redes sociales y si quieres me puedes seguir en twitter (@juan_revenga) o en Facebook.