Diabetes y Alzheimer ¿No lo sabías?

En el estricto terreno de mi desempeño profesional hay cosas que me llaman poderosamente la atención; diría incluso que me molestan. Y que me frustran. O algo a medio camino entre el malestar y la frustración. Y se trata de una cuestión de experiencia antes que de “conocimiento”; más sable el diablo por viejo que por diablo, dicen, y quizá el refrán explique en cierta medida mis sensaciones.

Una de esas cosas es, por ejemplo, el contrastar cómo la población general vive de espaldas al tsunami que supone la diabetes tipo 2 en el panorama de la Salud Pública. No es la primera vez que lo comento en este rincón, y la reincidencia en mi denuncia quizá dé muestra de mi frustración. Hace un par de años publiqué un post titulado “Diabetes tipo 2: una epidemia silenciosa ¿o silenciada?”, en cuyo título ya se pone de relieve mi desazón a este respecto.

Este blog está trufado de advertencias ya no solo de la importante incidencia de la diabetes tipo 2 en nuestro entorno y de su aciago pronóstico en los años venideros, sino también de las negativas consecuencias a las que, en el terreno de la salud, se enfrentan aquellos pacientes que en un momento dado reciben el diagnóstico de padecer diabetes. Si consultas las guías y libros de medicina más elementales, encontrarás datos incontrovertibles de cómo el diagnóstico de diabetes incrementa el riesgo de no pocas complicaciones crónicas.

La mayoría tienen su origen en un problema vascular, tanto cuando afectan a las grandes arterias como cuando se trata de las más pequeñas, típicamente en la retina y en el riñón. Así, a largo plazo, los casos de diabetes peor gestionados y con peor evolución es posible que desemboquen en retinopatía diabética, en enfermedad renal crónica, en cardiopatías e incluso en amputaciones de las extremidades. Pero más allá de las consecuencias “clásicas” la ciencia cada vez tiene más claras las relaciones con otras complicaciones de salud no poco importantes. Una de ellas, ya te la comentamos en este espacio, es la periodontitis (por no hablar de la COVID19); y otra de mayor alcance si cabe, la enfermedad de Alzheimer.

Insulina, mitocondrias, inflamación y sistema nervioso (quién lo iba a decir)

Es posible que no pocos lectores se desayunen ahora con este vínculo, no se les puede culpar. En su descargo puede argumentarse que el descubrimiento de esta relación es relativamente novedoso, no inédito, pero sí desde luego reciente. De hecho, el número de publicaciones que aborda la relación entre dos entidades patológicas era prácticamente insignificante hasta la década de los ’90 del pasado siglo XX, momento en el cuál se empezaron a disparar las publicaciones anuales. Tanto es así que el primer estudio que mostró una fuerte asociación entre estas dos entidades data de 1.999.