Los mitos del desayuno (o de la comida “más importante” del día)

Nuestros hábitos alimentarios son objeto de una particular escabechina en relación al amplio catálogo de mitos que planea sobre ellos. Entre los más sonados están aquellos que aluden al desayuno: ¿es esta la comida más importante del día; es imprescindible si se quiere adelgazar; hay que tomar zumo, leche y algún alimento de origen cereal…? Veamos qué hay de cierto sobre este tema y su relación con la diabetes.

Todos hemos oído, e incluso repetido, frases lapidarias en torno del desayuno. Se las hemos oído a nuestras madres, a nuestros profesores y a nuestros médicos de cabecera, y como digo, lo más probable es que ahora seamos nosotros quienes las estemos repitiendo a nuestros hijos en un claro ejercicio de confianza en la “autoridad”, por que… ¿acaso la ciencia respalda de algún modo que el desayuno sea la comida más importante del día; que sea poco menos que un pecado el saltárselo si lo que se pretende es adelgazar, o que haya un patrón de alimentos “ideales” para incluirlo en dicho desayuno? Lo cierto es que la respuesta a estas tres cuestiones es negativa; no hay tal respaldo tal y como se va a poner de relieve en las siguientes líneas.

El desayuno NO es la comida más importante del día

diabetes mitos desayunoDesayunar, lo se dice “romper el ayuno” lo hacemos todos más tarde o más temprano. Si no fuera así terminaríamos falleciendo por inanición. Así que desde un punto de vista formal todo el mundo que come regularmente desayuna en algún momento del día. La clave en este caso está en decidir si es recomendable comenzar nuestra jornada comiendo algo en un momento más temprano que tardío. Y lo cierto es que para esto no hay una respuesta clara. Así lo expresa la muy reciente revisión sobre la materia publicada en mayo de 2016 que evaluó las diferencias de memoria, nivel de atención, coordinación y lenguaje de dos colectivos: aquellos que desayunaban antes de empezar su jornada y los que no. Los resultados proyectan una gran sombra de incertidumbre sobre estas cuestiones llegando a no poder establecer una conclusión definitiva sobre la importancia del desayuno. La única ventaja clara entre los que sí desayunaban frente a los que no quedó establecida solo para la capacidad de recordar elementos de la memoria a largo plazo y, en cualquier caso, con una mínima ventaja sobre los que no desayunaban.

Así, para poner el desayuno en su sitio sin la necesidad de elevarlo a los altares, es preciso coincidir que al menos en nuestro entorno, caracterizado por una oferta alimentaria francamente accesible en todo momento y en el que se tiene previsto comer al menos de 3 a 5 veces al día, se hace difícil pensar el que una ingesta matutina más o menos retrasada (dos o tres horas) pueda condicionar de forma significativa nuestro estado general de salu